Inmigrante

La parte más difícil de irse, es irse.

La parte más difícil es dejar a tus panas. Es no poder comerte tu reina pepiada y tomarte tu marroncito en la mañana.

La parte más difícil es saber que no vas a echarte más camaroncitos por la tarde en tu cama. Es no poder ver como se pica tu mamá cuando le pides que “te de 5 minuticos mas, que en un ratico… que esta vez si te vas a parar a ayudar.”

La parte más difícil es no bajar los domingos a Pantaleta o a Pelua, dependiendo de que lado esté más activo. Es no poder comerte “tus dos empanadas y una malta porfa” de la señora del toldito al fondo a la derecha.

La parte más difícil es la última pea con tus panas, la última rumbita en Sawu o en la casa de la chama que tiene la piscina. Es no poder tomarte tu sopita para pasar el ratón mientras en el grupo de Whatsapp te enteras bien de que fue lo que pasó con esos amigos tuyos que eran novios y ya no lo son.

La parte más difícil es decidir que zapatos vas a dejar porque ya está muy pesada tu maleta. Es ese día antes de irte, cuando se toman unas birritas y se ponen a hablar como si mañana se fueran a volver a ver. La parte más difícil es levantarte, bañarte y vestirte para ir al aeropuerto. Es hacer la cola del check-in y que le digan a tu papas que después de ese punto, solo pueden pasar los que están viajando. Es pasar inmigración y saber que ese fue el último beso de la temporada. Lo más difícil es despedirte de tu país por una ventanita de avión y saber que estas dejando lo más grande e importante de tu vida pero, que desde ahí arriba casi pierde importancia.

No sabes lo que te espera, ya no es tu gente, ni tu sitio, ni tu casa. Nostalgia, miedo, emoción, tristeza, esperanza. No sabes usar el metro ni cuánto dejar de propina. No estas claro de donde son las mejores rumbas ni si te caen muy bien “estos panitas gringos que acabo de conocer.”

Lo más difícil es aprender a estar solo, saber que los cumpleaños ahora son por FaceTime. Es saber que ahora cuando te rasques no vas a llorar por un amor cualquiera, sino por el amor de mamá y papá que están tan lejos. La parte más difícil es perderse de los buenos momentos, de los malos momentos, de conocer a la primera novia de tu sobrinito y las parrillas con los panas los domingos por la tarde.

Es que todo es difícil cuando eres inmigrante. Ninguna montaña va a ser nunca como esa montaña. Ningún amigo va a ser nunca como esos amigos. Nadie va a entender los chistes, los recuerdos, los olores, los sueños que se quedaron y los que te llevaste contigo.

El tiempo pasa, la vida pasa y nosotros también pasamos. Nos aprendemos las líneas del metro y los horarios del autobús. ¿Los gringos? : bueno equis son panitas pues, con sus vainas medio gallas pero panas. Y el tiempo pasa, la vida pasa… y nos visitan. Nos visitan o visitamos y se nos derrumba la vida otra vez de nostalgia y ganas de no volver a dejar ir nada nunca, pero sabiendo que vamos a tener que volver a soltar. Entonces entendemos que ya no pertenecemos ni aquí ni allá por completo, sino un poquito a los dos sitios.

Y ahí está la parte mas difícil, entender, por fin, que una vez que te vas y te despides por esa ventanita del avión quedas para siempre dividido. Nunca más vas a pertenecer solo aquí o allá, ahora eres de los dos. Y tus panas son tus panas pa’ siempre y los gringos son tus panas también. Y el metro para Union Square y cuando agarras la Cotamil. Y el Ávila y Time Square. Y es que así es la vida, un continuo pertenecer y no pertenecer, extrañar y no extrañar, crear y recordar.

¿Por qué? Porque la parte más difícil de irse, es irse.

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